Puente Giratorio de Taranto entre historia y belleza

El Puente Giratorio de Taranto es un símbolo de la ciudad que une historia y belleza.

Puente Giratorio de Taranto entre historia y belleza

El Puente Giratorio de Taranto, oficialmente Puente San Francisco de Paola, es junto al Castillo Aragonés uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad de los dos mares. Conecta la ciudad nueva con la ciudad vieja cruzando el canal navegable que une el Mar Grande y el Mar Pequeño.

He pasado por aquí varias veces durante mis estancias en Taranto por trabajo. Por ejemplo, cruzando este puente me dirigí al Muelle Sant'Eligio cuando fui a ver los delfines en el Mar Jónico. Pero cada vez este puente logra captar la atención. No es solo una infraestructura importante para la ciudad, también es un espectáculo cuando entra en funcionamiento.

Más de una vez he tenido la suerte de verlo abrirse para dejar pasar las unidades navales de la Marina. El puente se abre para que las naves crucen el canal navegable. Este canal conecta el Mar Grande con el Mar Piccolo y lleva al puerto militar. Las dos mitades del puente giran lentamente, dejando pasar las embarcaciones. Toda la operación no dura mucho. Generalmente, solo toma unos minutos para que el puente se abra completamente. Luego vuelve a su posición original tras el paso de las naves. Es un momento que siempre atrae a muchas personas al canal. Verlo en movimiento es realmente emocionante.

La sensación más especial la tuve cuando estuve sobre el puente mientras pasaban vehículos pesados. En ese momento, se siente claramente que la estructura vibra un poco. Al principio impresiona, pero es totalmente normal. El puente está diseñado para ser elástico y absorber las tensiones del tráfico.

Este detalle muestra cómo la ingeniería y la funcionalidad son parte de su identidad. No es solo un punto de paso entre dos partes de la ciudad. También es una obra que cuenta la historia marítima y militar de Taranto.

Si visitas la ciudad, vale la pena detenerse aquí unos minutos. Quizás asomarse a lo largo del canal navegable. Por un lado se ve el Castillo Aragonés, y por el otro, la ciudad vieja. Dos vistas que por sí solas cuentan mucho de la historia y belleza de Taranto.

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