Explora el Castillo de San Ángel de Taranto
Descubre el Castillo de San Ángel de Taranto, una fortaleza histórica entre dos mares.
Durante mis viajes de trabajo, suelo volver a Taranto. Siempre trato de encontrar tiempo para visitar un lugar interesante: el Castillo Aragonés, también conocido como Castel Sant'Angelo de Taranto.
Está justo en la entrada de la ciudad vieja, junto al Puente Giratorio. Su ubicación es espectacular, entre el Mar Grande y el Mar Pequeño. Es un monumento que no pasa desapercibido: macizo, frente al agua y lleno de historia.
Lo primero que sorprende a muchos visitantes es que la visita es completamente gratuita. Está organizada y guiada por la Marina Militar, que gestiona el complejo hoy. El personal acompaña a los grupos con gran pasión y preparación. Explican claramente la historia del castillo y su papel estratégico en la defensa de la ciudad a lo largo de los siglos. Lo que más me impresionó no fue tanto el castillo en sí, sino el orgullo con el que los militares lo narran. Se nota que para ellos no es solo un trabajo, sino algo de lo que están realmente orgullosos.
Las visitas se realizan desde las 9 de la mañana hasta la 1 de la noche. Pero es obligatorio reservar por teléfono al número 0997753438. Esto es porque cada grupo puede acoger solo a un número limitado de personas. Así que, es mejor llamar con un poco de anticipación, especialmente en épocas de alta afluencia turística.
Durante el recorrido, se atraviesan bastiones, corredores y terrazas panorámicas. Esto permite observar de cerca el canal navegable y el movimiento de los barcos que entran al puerto. Es una visita que también ayuda a entender mejor la posición estratégica de Taranto en el Mediterráneo.
No es casualidad que el Castillo Aragonés sea hoy uno de los tres sitios más visitados de Puglia. Después de verlo en persona, es fácil entender por qué. La combinación de historia, ubicación junto al mar y calidad de las visitas guiadas hace la experiencia realmente interesante.
Un último consejo práctico: antes o después de la visita, vale la pena pasear por el centro histórico. A menos de cien metros del castillo, comienzan los callejones de la ciudad vieja. Allí, además de descubrir vistas muy sugestivas, puedes probar algunas excelentes especialidades locales en los pequeños restaurantes y trattorías de la zona.