Descubre el Arco de Brindisi
El Arco de la calle Pompeo Azzolino es un tesoro de Brindisi, testigo de historias marítimas y de un pasado fascinante.
La Via Pompeo Azzolino es uno de esos lugares en Brindisi. Por la noche, la gente va casi automáticamente. Es una calle estrecha, un pequeño pasaje. Está rodeada de bares, quioscos, frituras y mesas al aire libre. No la cruzas realmente, solo pasas cerca mientras caminas por la zona de la movida. Aquí, la movida es informal. Comida rápida se come de pie, música suena de esquina a esquina. La gente pasea sin prisa. A menudo hay pequeños conciertos en vivo. El ambiente es ligero, amistoso, casi como una fiesta de barrio.
Sin embargo, este lugar tiene una historia antigua e intensa. Via Pompeo Azzolino es lo que queda de un tejido urbano antiguo. Sobrevivió a las demoliciones de las Sciabiche. Es un corto camino entre edificios marcados por el tiempo. Aquí se conserva la memoria de un episodio de hace cinco siglos. Cambió el destino de la ciudad.
Pompeo Azzolino fue quien salvó Brindisi de los venecianos. En 1528, Brindisi estaba bajo asedio de la flota veneciana. El general Bartolomeo Marcello quería conquistar la ciudad. Buscaba debilitar el dominio español-aragonés en el sur de Italia. Pompeo Azzolino, un noble de Brindisi, era conocido por su valor. Fiel a la corona aragonesa, ideó un plan ingenioso. Se hizo pasar por desertor e infiltró en el campo enemigo. Difundió falsas noticias sobre refuerzos españoles llegando por mar. Marcello, convencido del peligro, ordenó la retirada. Así evitó la caída y posible destrucción de Brindisi. Este acto de astucia no solo salvó la ciudad. También le valió a Azzolino honores y reconocimientos. Ferdinando el Católico hizo grabar una inscripción en su honor. Está en el arco que hoy lleva su nombre.
Un héroe local, cuyo nombre muchos oyen sin conectar con nada específico. Caminando bajo el arco, sientes un salto entre pasado y presente: de un lado la historia, del otro los cartuchos de fritura y las risas que llenan la noche.
Sentí que esta es una historia que la ciudad guarda sin contarla del todo. Igual que el templo. No por falta de valor, sino por costumbre. Brindisi vive mucho en el presente, en su puerto, en el mar, en su vida social. Así, el arco permanece allí, discreto, en el corazón de la zona más viva, mientras alrededor se brinda, se escucha música y se pasea.
Quizás este sea el paréntesis más interesante: uno de los lugares símbolo de la movida coincide con un espacio que habla de asedios, defensas e identidad ciudadana. Solo hay que mirar un momento, antes de pedir algo de comer, para recordar que bajo esa piedra no solo pasa la gente del sábado por la noche, sino también una parte importante de la historia de Brindisi.